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Las inscripciones con litterae aureae en la Hispania Ulterior (Baetica et Lusitania): aspectos técnicos

Armin U. Stylow – Ángel Ventura Villanueva


2014-11-27 20.07.08


2014-11-27 20.07.17


2014-11-27 20.07.21


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Restituere y contribuere (?) en la tábula de El Bierzo

Raquel López Melero, profesora titular de Historia Antigua. UNED

 


ArticuloAugustoRaquel_1


ArticuloAugustoRaquel_2


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El nuevo edicto de Augusto de El Bierzo en Hispania

Géza Alföldy

Universidad de Heidelberg

ArticuloAugustoGezaA


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Augusto: el desarrollo de una imágen monárquica

Raquel López Melero, profesora titular de Historia Antigua. UNED

(Curso de Extensión Universitaria: Recursos propagandísticos de la antigua Roma, Mérida 12-11-2009. Texto colgado a disposición de los estudiantes de Historia Antigua de la UNED)

 
Augusto es una de las principales figuras de la Historia de Occidente; y un personaje bien conocido en esta ciudad que ahora se llama Mérida, y que en la época romana se llamaba Colonia Augusta Emerita- como bien saben, por haber sido fundada por él para el asentamiento de los soldados romanos llegados al término de servicio.

Como todos los gobernantes que han dejado una obra perdurable- en este caso, un modelo de estado que duró tal cual tres siglos; que logró perpetuarse, con más o menos cambios, durante el Bajo Imperio Romano y a lo largo del Imperio Romano de Oriente; y que ha funcionado como un modelo para las monarquías europeas- Augusto reunía en su persona una serie de cualidades idóneas para ese fin. Tenía una formación muy completa, una gran capacidad de trabajo, una enorme tenacidad, un olfato muy fino, un pulso más que firme y una extraordinaria habilidad para rodearse, en cada caso, de colaboradores eficaces, que no habrían conseguido, aunque lo hubieran intentado, hacerle la competencia.

No tenía la oratoria característica de un general, que se atribuye a César; ni su prestancia física. Era más bien menudo, y con un verbo elegante, pero muy sencillo. Y nunca se dirigía ni al pueblo ni al senado ni a los soldados –dice su biógrafo Suetonio- sin haber meditado y escrito su discurso, a pesar de que no le faltaba en absoluto la capacidad de improvisar. Ese hombre austero e incansable, que sabía administrar muy bien tanto los escrúpulos como la prepotencia, consiguió gobernar durante más de cuarenta años –cuarenta y cinco, si contamos desde la batalla de Actium (31 a.C.)- un territorio por el que viajó muchísimo, y que se extendía, en torno al Mediterráneo, desde el Atlántico hasta el Eúfrates y desde el Rin y el Danubio hasta los desiertos del Sáhara. Su mala salud de hierro le permitió sobrevivir a todos sus enemigos políticos, consiguiendo así dejar atrás sus páginas más negras y capitalizar a su favor los beneficios de la paz. La que en un principio podía ser llamada, en palabras del historiador Tácito, una pax cruenta logró acabar definitivamente con el azote de la guerra civil.
 

 


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